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Empiezo este blogg con ilusión y con ganas y me gustaría que los que me lean dejen su opinión.
Solo espero que os guste y disfrutéis leyéndolo ^^

sábado, 3 de abril de 2010

Colaboración



Ya llevaba un mes en aquella cárcel para niños ricos, nada había cambiado, los monstruos seguían espiándola a través de los espejos, solo una cosa era distinta de cuando estaba en Blackwood… allí no podía gritar…
Había desayunado sola, Byron y Meghan, sus únicos amigos, no se habían dignado a aparecer y la habían abandonado a su suerte en aquel comedor abarrotado de gente, y que por si fuera poco, además apestaba a madera vieja y comida recalentada, todavía sentía nauseas…
Y ahora estaba allí plantada, delante de la puerta del despacho del director Gillespie, el día iba de mal en peor. ¿Qué narices quería ese desgraciado de ella?, se estaba portando bien…
“Ellos se comen a la gente…”
¿Que había sido eso, un susurro del viento quizá?, pero el viento no habla…
Toc, toc, toc…
“No entres…”
La puerta se abrió con un leve chirrido, y tras ella apareció aquel tipo trajeado y larguirucho con aires de Vincent Price.
-Adelante querida- la conminó a entrar, con la amabilidad condescendiente que derrochan los ridículos burgueses venidos a menos.
Tenía un mal presentimiento…
- Tome asiento querida, se preguntará por que la he hecho llamar- condescendiente…repulsivo…
Alice se retorcía las manos sobre el regazo, su mirada crispada escudriñaba la habitación, en busca de la fuente de aquella voz misteriosa, aunque había un objeto que acaparaba su atención, el director no cesaba de acariciarlo como si fuera una mascota, y en realidad solo se trataba de un viejo espejo de mano, pero Alice conocía bien el peligro de esos cachivaches.
-Seré franco señorita Liddel, estamos al tanto de su pasado y sabemos que frecuenta usted la compañía de dos de nuestros alumnos más relevantes, Byron De Amandey y Meghan Kauffman, pues bien, todavía desconocemos los detalles, pero al parecer se les ha declarado desaparecidos, y el consejo escolar le estaría muy agradecido si pudiera darnos algún dato relativo a esta desagradable situación…- vamos, que si sabía donde estaban, el jodido director le estaba intentando colgar el muerto, pero ella no sabía nada, y que tenía que ver su pasado con esto, por que puñetas se enrollaba tanto aquel desgraciado tocapelotas.
“Sal de ahí…”
-Yo…la verdad…yo no…- titubeó Alice, aquella voz otra vez, la desconcertaba, observó que el director tenía la mirada clavada en ella, no…miraba algo que estaba detrás de ella, no pudo contener la curiosidad y se giró de golpe, pero allí no había nada, solo sintió una leve ráfaga de aire. Aún así, su corazón se agitó de tal manera que los latidos lo henchían y le oprimía los pulmones.
- ¿Qué sucede querida…?- exclamó Gillespie con fingida cordialidad, mientras se levantaba, tomaba el espejito, que desprendía un extraño resplandor, con ambas manos y se aproximaba a Alice, que no dejaba de jadear y de mirar a todas partes, de repente la habitación se le hacía cada vez más pequeña, desconocía de donde procedía la sensación, pero algo en su interior le decía que debía escuchar a la voz y huir de allí. Así que se levantó de un salto tirando la silla contra la carísima alfombra, y salió de estampida llevándose por delante a un Gillespie atónito, que cayó de nalgas al suelo aferrando con fuerza el espejo contra su pecho y suplicando clemencia a su reina, que le sentenciaba con la mirada desde el otro lado. La cortina osciló levemente, y un estremecedor ronroneo hizo eco en la habitación…
“Corre Alice…ven...”
Una fuerza invisible impulsaba sus piernas, le escocían los cortes de los muslos, pero aun así, no podía parar…corría desenfrenadamente a través de las callejas del campus, sin saber a donde le conducían sus pasos, pero estaba aterrada y eso no importaba, solo quería encontrar la voz.
De pronto paró en seco frente a la cafetería, nunca había entrado allí, ¿por qué narices había ido hasta aquel lugar?
Era un edificio algo lúgubre, bueno, como el resto del colegio en realidad, pero aun así este tenía un aura diferente, misteriosa. Los cristales de las ventanas estaban pintados por dentro de color gris, así que no se podía ver nada de lo que había en el interior, eso no le gustaba demasiado, pero en fin …por algún motivo había sido arrastrada hasta allí. El desafío estaba ante ella en forma semicircular, y con una pequeña tetera de latón pulido a modo de pomo. La raída puerta de color verde oscuro, se abrió ante ella como por arte de magia, Alice entró con cautela, y la puerta se cerró a sus espaldas haciendo que se le erizase el vello de la nuca.
Un agradable, pero indescriptible olor inundaba la sala, era dulzón y afrutado a la vez, un joven estaba tras la barra, se afanaba por preparar lo que parecía un servicio de te, y no dejaba de repetir, “ellos comen gente”, lo susurraba de manera enfermiza una y otra vez, mientras sus manos, enfundadas en guantes blancos, temblorosas trataban de cortar un trozo de tarta. Tenía un aspecto poco usual, su atuendo se componía de una camisa negra, chaleco y pantalón de color rojo sangre, y un sombrero de copa del mismo color, bajo el cual asomaban alborotados mechones de pelo rojizo, sus ojos eran de un verde intenso, casi iridiscente, y sus dientes tan blancos que relucían en la penumbra de la sala, era alto, delgado y paliducho, aunque un ligero rubor le manchaba discretamente las mejillas, así que podía decirse que era un hombre atractivo desde el punto de vista de una mente desquiciada. Todos los espejos estaban cubiertos con telas negras, y hasta las cucharillas eran de ese mismo color.
El muchacho se acerco a ella, e hizo un ademán indicándole que tomara asiento, Alice obedeció mientras observaba como el joven servía el te en unas divertidas tazas de colores, que desentonaban por completo con el resto de la decoración, que resultaba gris y deprimente, con cierto aire de funeraria, quizá por eso nadie visitaba aquel establecimiento.
-Max Hatter, ese es mi nombre…- se presentó con voz queda, mientras ponía una velita en el trozo de tarta- es mi no-cumpleaños, ¿quieres pedir un deseo pequeñuela?- exclamó, tenía la expresión de un niño feliz, Alice asintió sin saber por qué, quizá solo quería satisfacer a aquel niño grande.
-¿Qué es un no-cumpleaños, que sentido tiene?- las palabras de la chica parecían haber contrariado ligeramente a Max, que haciendo caso omiso, empezó a cantar para sí un ridículo y disonante “Feliz no-cumpleaños”.
-Come tarta pequeñuela, es de frambuesas y ruibarbo, mi sabor favorito, después de la de tres chocolates…- aquella conversación era de lo mas absurda, y por qué narices la llamaba “pequeñuela”- por cierto, a tus amigos se los van a comer, humanos tiernos… son la comida favorita de la reina…- aquella declaración repentina la sorprendió de tal manera, que se quedó estupefacta.
“Estoy empezando a enloquecer de nuevo, por que esto no es real…yo quiero ser normal, lo deseo con todas mis fuerzas, pero parece que no es suficiente con desearlo…me encerraran otra vez en Blackwood…las criaturas del espejo ganaran…ya no tengo fuerzas…estoy irremediablemente loca…”
-No estas loca- afirmó rotundamente Max, poniendo su mano sobre la de Alice, era como si conociera sus pensamientos.
“Vaya consuelo, y me lo dice un tipo que esta como una puta regadera…que ironía…”

-Pequeñuela, no te dejes engañar por las apariencias, a veces las cosas no resultan ser como aparentan- siguió él- por ejemplo, yo que solo parezco ser un simple empleado de la cafetería-“ni de lejos, un mono amaestrado y vestido con traje de botones daría el pego mejor que tu”- Y sin embargo, soy alguien importante…se cosas… casualmente…se donde están tus amigos, se quien les retiene y como liberarlos…bueno como, quizá no, pero si se de una persona que te puede ayudar, lo ves…soy algo mas que un camarero que prepara un te delicioso- concluyó triunfante, repicando en el suelo con sus zapatos de charol brillante, emulando un paso de Fred Astaire (bailarín de claque).
Los ojos de Alice se abrieron como platos, como sabía aquel personaje estrambótico la situación de sus amigos, si incluso ella la desconocía.
-Demuéstrame que lo que dices es cierto- le retó incrédula, mientras sorbía un traguito de te.
- Yo pertenezco al otro lado del espejo, y se que a veces tu puedes ver al gato de sonrisa risueña y dientes afilados, eres especial Alice, por eso estas en su lista de non-gratos- aquello eran demasiadas revelaciones por un día, cada minuto que pasaba se veía mas cerca de Blackwood- Puedes verlos , pero no puedes entrar, nadie puede, solo los vástagos de Carrol pueden viajar entre ambos mundos, por eso todavía estas viva, pero si descubre lo que vas a hacer…la Reina Roja enviará a sus lacayos a por ti…es despiadada…a mi me quitó algo sabes…- toda aquella verborrea solo parecían patrañas inventadas por un loco, pero ella sabía que había algo de cierto en esas palabras aturulladas, y eso la aterrorizaba.
- ¿Y que se supone que voy a hacer?- exclamó enojada, por que aquel hombrecillo hacía planes por ella.
- ¿Es que no quieres salvar a Byron y a Meghan?¿ les dejarás a merced de la reina para que les devore?...¿Como puedes?...- estaba metiendo el dedo en la llaga, maldito Max.
- Yo no he dicho eso…yo solo…creo que no puedo hacer nada- la estaba manipulando y era consciente de ello, pero aún así él tenía razón, no podía abandonarles a su suerte- ¿pero porqué les han escogido a ellos, que han hecho?- tenía que encontrar algo de lógica en todo aquello, aunque en realidad era imposible.
- Gillespie les escogió como ofrenda para la reina, el desea ser inmortal, y tiene que pagar con sacrificios, pero no sabe que la reina cada vez será mas difícil de complacer…- eso era horrible, y pensar que el propio director simulaba no saber nada al respecto y que incluso la había intentado involucrar a ella, sexagenario desalmado…
- Pero si sabes todo esto, ¿porqué no les ayudas tú?- inquirió Alice.
- No…no…no…yo no puedo volver…no- contestó Max con evidente trastorno, aferrando ambas manos a la taza de colores.
- ¿Porqué no puedes volver, que te quitó la reina Max?- preguntó.
Hatter dejó la infusión sobre la mesa, y se levantó con languidez.
- Ella…me arrebató la cordura-dijo encogiéndose de hombros, las lágrimas brotaron sin remisión y rodaron por sus mejillas- devoró a todos mis seres queridos y me dejó para que viviera con la carga de sus muertes, me colocó un sombrero de traidor y me desterró a los pantanos, desde entonces se me conoce como el “Sombrerero” loco- explicó entre sollozos y volvió a hacer el paso de baile con melancolía.
Alice se acercó a Max y enjugó sus lágrimas con una servilleta, casi podía entender como se sentía, a su familia no la había devorado ninguna reina malvada, pero si que había perdido su cariño y su confianza cuando empezó a ver cosas en los espejos, a hablar sola y a autolesionarse, entonces la encerraron en Blackwood, era una lacra para ellos, así que la rechazaban, la alejaban de su entorno todo cuanto podían, y ahora la habían encerrado allí, lejos de ellos, donde su sola presencia no pudiera manchar el buen nombre de la familia Liddel.
-Ayúdame Max, llévame a esa persona que me dirá que hacer- exclamó con firmeza, una amarga sonrisa iluminó el rostro de Hatter, que tomó la cabecita de Alice entre sus manos enguantadas y le besó la frente con ternura.
La noche había cubierto el cielo con su manto negro tachonado de estrellas, era el momento para salir a hurtadillas del campus sin ser vistos.
Max la condujo a través de callejones oscuros y poblados de toda suerte de delincuentes, prostitutas y policías de incógnito haciendo la vista gorda a cambio de sobornos y favores sexuales, apestaba a orín y sudor, a pachulí y a whiskey barato…estaban en Chinatown, Alice se aferró al brazo de Hatter, que se deslizaba con destreza por los baldosines, nadie reparó en su presencia, o si lo hicieron, les ignoraron y siguieron a lo suyo.
Se detuvieron frente a una tienda en cuyo letrero rezaba; “Madame Lorougue, remedios caseros”, y tenía el aspecto de una simple herboristería. Dentro, solo había una anciana que arrastraba sus hinchados pies por la madera del desgastado suelo, se acercó a Max y le susurró algo al oído, tras esto se adentró en la trastienda y él la siguió tirando de Alice.
La abuela les acompañó a una habitación decorada al mas puro estilo de Shanghai, olía a incienso y estaba levemente iluminada por farolillos de papel, unas cortinas de seda granate colgaban del techo y tras estas, recostada en un diván y fumando una pipa de opio, estaba Madame Lorougue, una dama china, de unos treinta años, de una belleza porcelánica.
-Bienvenidos, tengo preparado lo que necesitáis- su voz suave y sensual flotaba por encima del humo de la pipa, y llegaba hasta ellos como una caricia embriagadora, ¡dios que hermosa era esa mujer!, sus movimientos eran pausados y extremadamente elegantes, Alice no podía dejar de mirarla.
- Oráculo, dime, ¿sabes donde les retiene la Reina?- pregunto Max con sumo respeto.
- Están en el torreón de Picas, y el conejo guarda la llave- explicó, mientras abría una cajita de madera de ébano con engastes de marfil, de la cual cogió un saquito de terciopelo negro y se lo entregó a Hatter- hazle una infusión y cuando la tome, entre ella y el espejo tiene que haber un vástago de Carrol, solo así conseguirá entrar o salir, y dime Sombrerero, ¿vas a acompañarla?- inquirió la dama, enfundada en un tradicional qipao negro con estampado de mariposas doradas.
-No, yo…me quedaré- balbució él, haciendo un mohín de vergüenza.
-Tu cordura guiará tu corazón, no lo olvides Sombrerero- susurró ella en tono proverbial, le entregó el saquito y desapareció entre las cortinas, como si de un suspiro de humo se tratase.
Siguiendo el mismo sistema de escabullirse entre la gente, volvieron a la cafetería, Alice no acababa de entender que estaba haciendo ni por que, ella no era ninguna heroína y por otra parte, como pensaba aquella panda de “iluminados” que iba a salvar ella a nadie, si no era capaz de salvarse a sí misma.
Ambos estaban exhaustos por la carrera, entraron hasta la trastienda, lo que parecía ser el hogar de Max, Alice se dejó caer con languidez sobre los almohadones de la cama y se hizo un ovillo con la manta, Hatter dispuso la tetera a calentar para preparar la preciada infusión.
-¿Qué sabor tiene?- pregunto ella rompiendo el incómodo silencio.
-No lo sé…yo nunca la he probado, pero huele bien- dijo dejando caer al agua hirviendo el contenido del saquito.
-¡Pero si son setas!- exclamó sorprendida, los diminutos hongos brillaban en la oscuridad como si estuvieran cubiertos de polvos mágicos, Max vertió el fragante líquido en una de sus tazas de colores y se la ofreció a la muchacha que la miraba dubitativa.
-¿Estas segura de querer hacerlo?-
-¿No te parece un poco tarde para que me preguntes eso?-espetó, mientras tomaba un sorbo de la infusión con evidente disgusto.
-Ven, recuerda que debemos estar junto a un espejo- dijo haciendo alusión a las palabras del oráculo, se deslizó al otro extremo de la habitación y retiró un lienzo negro que cubría un hermoso espejo de pie con el marco tallado en madera de cedro, Hatter acarició con melancolía las pequeñas tallas que adoptaban la forma de las siluetas de las bazas de naipes.
-Ese sombrero no te favorece- le susurró Alice mientras se lo quitaba y lo lanzaba con desden sobre la cama, se sentía extrañamente excitada, tenía la necesidad imperiosa de hacer con él todo aquello que su hermanastro había reservado para ella, y contra lo que había luchado con todas sus fuerzas.
La taza cayó de sus manos y estalló contra el suelo esparciendo el preciado líquido humeante.
Hacia mucho calor, o solo se lo parecía a ella, comenzó a quitarse la ropa desenfrenadamente e hizo lo propio con un atónito Max, que se dejaba llevar con timidez, Alice se percató del crecimiento de cierto miembro, como otras muchas veces había notado con Klaus, pero esta vez no le asqueaba la sensación, en realidad lo deseaba, después de todo Hatter no le parecía tan feo, si no que le resultaba terriblemente atractivo. Ansiaba sentir el contacto de su piel, que olía a vainilla y a dulce caramelo, le besó impetuosamente y él le devolvió el mismo frenesí. La superficie del espejo estaba helada, pero ninguno de los dos reparó en ello, estaban demasiado ocupados con los besos y caricias que se prodigaban sensualmente.
Max sentía que su sexo estaba a punto de estallar, alzó a Alice entre sus brazos y la penetró, un estallido de placer hizo que ambos se estremecieran…pero de pronto la oscuridad envolvió a Alice, una sustancia espesa y viscosa se adhería a su piel, la estaba congelando y su cuerpo se retorcía de dolor…
La muchacha fue literalmente escupida al otro lado del espejo, yacía desnuda en el suelo, se sentía mareada y le escocían los ojos, pero aun entre tinieblas pudo ver que no estaba sola…
-No nos conocíamos en persona ¿verdad pequeña, o debería llamarte Alice la entrometida?...Bien, me presentaré…estas ante la presencia de Sir Blackrabbit, y si…es un honor para ti…- aquella voz chirriante no dejaba de vomitar palabras arrogantes que martilleaban su dolorida cabecita, un extravagante muchacho de cabello blanco se aproximó a ella ofreciéndole su mano, Alice la apartó con desprecio y se incorporó ella sola, se giró instintivamente para mirar su reflejo, el rubor tiñó sus mejillas, estaba desnuda y encima era rubia otra vez…
-No te avergüences querida, te ves deliciosa- siseó el muchacho mientras pasaba su mano lasciva por la espalda de Alice provocando en ella una evidente turbación, que se transformó en pánico cuando vio como Blackrabbit abría su boca repleta de dientes afilados, dispuestos a clavarse en su carne como si fuera mantequilla.
De pronto unos brazos atravesaron el espejo y la arrastraron a través del abismo helado de nuevo, al otro lado…Max la recibía y la estrechaba contra su pecho.
-No decías que no volverías- inquirió aun tiritando de frío.
-Antes no tenía nada por lo que volver, eso ha cambiado…-
La luna de cristal osciló levemente tras ellos…

9 comentarios:

  1. WooohoOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!

    Lascivo,provocador,desquiciado y genial!!
    Esse Max Hatter se me hace medio inspiradito en Johnny Deep en Alice in Wonderland de Tim Burton.Fijate,apenas el segundo capítulo,y nuestra Alice ya se enganchó a Johnny Deep, VAMOS A SER GIGANTES,NENA!!!

    XD.vOY A poner el link en mi blog así la gente puede venirse (venir,digo e_e) a ver tu historia.Super desquiciada,inmejorable y además con un ritmo súper frenético.

    (espero que no maten a Meghan y a Byron U_U)
    "ellos comen gente"...dios mío, es lo más!!!!!!(y yo ya recibí una visita de los monos malignos de Stephenye Meyer y de los zombies de Laura Gallego Garcia,asi que eso quiere decir que vamos bien g____g XD)

    me encanta,Silvia,me encantaaaaaaaaaaa


    Las imágenes,además,son geniales, ya me bajé el sello Rabbit y va a volverse más popular que el loguito de Wal-Mart ññ

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  2. hay esperame esperame!!! q carezco de tiempo che!!! aun no termine de leer la parte anterior!!
    ya me perdi ya me perdiiiiiiiiiiiiiii jajaja!!!!
    gracias por seguir el blog!!!!!
    muaaaaaaa
    mi maquina me anda pesimo!!!!!!!!!!!!!

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  3. Hey muy lindo tu blog!1
    y woow la historia ni se diga!!!

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  4. MUY BUENA HISTORIA ME GUSTA TU FORMA DE ESCRIBIR BUENO CUIDATE NOS VEMOS Y AQUI SEGUIRE LEYENDOTE ........ NOS VEMOS NENA

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  5. HOLA GRACIAS POR VISITAR MI LECHO DE MUERTE AHORA ESPERARE ANSIOSO TU SIGUIENTE OBRA DE ARTE ..... NOS VEMOS CUIDATE

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  6. Hola Silvia, para mi fue un placer hacerme seguidora de tu blog, ya que las historias son excepcionales, así que no lo agradescas ^^. Wow!!! abrieron una tienda O.O!!! Eso es genial!!! Por cierto, mis otros blogs estan abandonados, porque habrian de gustarte??
    Sigue así, tienes un gran talento!!!...

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  7. hola Silvia!!

    ya esta publicada la 3era. entrega (mi capitulo) de Alice XP...

    no me habia dado tiempo de comentar esta entrada, pero te digo q me gustó la idea de hacer aparecer un Max y a la mujer asiatica, de hecho los retomé un poco en mi parte...


    BONNE LUNE !!!

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  8. hola de nuevo!! jeje

    me llevo tu banner y lo cuelgo en mi blog...


    BONNE LUNE !!!

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